Mi mejor San Valentín

Testigo: Santiago Hernández

Yo siempre juré que toda mi vida iba a odiar San Valentin, pero el de este año la verdad es que no estuvo mal, nada mal. Cuando eres hombre, o al menos yo lo he vivido así, sí hay bastante presión para hacerlo excelente este día, dar regalos que le van a encantar a tu novia (o esposa, bueno, con quien salgas). Y para ser sincero, generalmente me esfuerzo en los detalles y en los planes del 14 de febrero porque sé lo importante que es para ella, no porque yo le vea algo de valor o sentido a celebrarlo.

No me malinterpreten, obvio he disfrutado muchísimo todos los 14 de febrero que hemos pasado juntos, pero el de este año fue distinto y creo que fue porque mi actitud cambió. Sigo creyendo que no debería de haber un día específico para celebrar el amor, que para esas cosas no hay fechas ni tantos planes, pero también está divertido que alrededor del mundo todos celebremos al amor al máximo durante las mismas 24 horas.

 

Para variarle un poco y romper con la rutina, este año no solo pensé en cómo a ella le gusta celebrar el amor, sino que incluí también cómo me gusta a mí. Platicamos de lo que nos gusta hacer, lo que nos gustaría experimentar; le conté qué planes tenía para esta fecha y ella incluso agregó unos detalles muy buenos, como lencería y probar un nuevo lubricante.

Casi siempre vamos a cenar a un restaurante bonito (e italiano, porque es su comida favorita), pero por la pandemia he pasado más tiempo en la cocina, así que decidí aventarme yo la cena. Hicimos pasta y pizza, pero todo desde cero (esta fue mi idea).

No lo había visto ni planeado con esa intención, pero fue una experiencia muy sexy cocinar con mi novia. Para empezar, pusimos música que nos gusta y adornamos juntos con esas velitas chiquitas que hacen que todo se vea romántico. Unos días

antes fui a comprar las cosas que faltaban de mi plan maestro para disfrutar San Valentín.

Como acordamos, a ella le compré un juego de lencería rosita claro porque me gusta mucho cómo se le ve ese color (y sobre todo la lencería, más cuando se la quita). Pensé que, como a mí me gusta verla con (y sin lencería), chance y ella también quiere verme en calzones bonitos, ¿no? Pues busqué y encontré unos que me gustaron (al final sí fue un detalle que le encantó).

Los toques finales del plan fueron una vela aromática, un buen vino, lubricante de sabor (porque nunca lo habíamos probado, pero llevábamos un rato pensándolo) y, de lo más, más importante, los condones (mi novia se puso un DIU sin hormonas, pero igual preferimos usar condón en sus días fértiles para sentirnos mucho más protegidos).

Le di la lencería justo cuando empezamos a cocinar y me dijo que le gustó tanto que se la iba a probar en ese momento. Yo seguí picando el jitomate para la salsa cuando de repente me cubrió los ojos con sus manos y me guió al sillón; me pidió que me quedara sentado y mientras puso una canción que le gusta mucho.

Comenzó a bailarme y a desvestirse, y ya para cuando terminó la canción la tomé de la mano, agarré los condones y el lub y nos fuimos casi corriendo y riendo al cuarto. Ya más detalles no voy a contar, pero salimos después de un rato a terminar la cena. Definitivamente mi plan funcionó porque romper la rutina nos hizo sentir como cuando empezamos a salir.

Entre tanto beso, abrazo, suspiro y uno que otro chiste, terminamos de cocinar la cena como a la 1 de la mañana. Después de cenar ella me dio mi regalo (un videojuego); se fue a dormir y yo me quedé un rato jugando.

San Valentín 2022: 10/10

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